Como te habrás dado cuenta, soy una persona muy perseverante. Más que perseverante, terca: tú ni me has traído ni te has llevado nada de lo que te he pedido estos últimos doce años, y sin embargo aquí estoy, con mi fe intacta en que una de estas Navidades me harás caso. Por eso, aquí está mi carta del 2010.
Tráenos paz, Niño Jesús. Que no sea motivo de angustia que los nuestros salgan a la calle. Que podamos hacer la vida tranquila que llevan millones de personas en otras partes del mundo y la que llevábamos los venezolanos en tiempos que ahora nos parecen remotos.
Tráenos respeto, Niño Jesús. Respeto entre compatriotas. Respeto para todos los puntos de vista. Respeto a la propiedad privada, al trabajo y a la libre empresa. Respeto a las aspiraciones de superación. Respeto al acceso a toda clase de información, analizada desde los más variados puntos de vista y derecho a escoger la que nos parezca creíble y confiable. Respeto a nuestra privacidad. Respeto a nuestras creencias.
Tráenos sindéresis, Niño Jesús. Ya está bueno de esta locura de tener un país al revés, con un Gobierno en el que el disparate es la norma, con el abuso presente en la gran mayoría de sus acciones, donde la mentira es reina, la hipocresía hace de las suyas y la desfachatez y el caradurismo son ilimitados. Ojalá que alguno de los suyos sea capaz de decirle al Presidente de la República que está transitando un camino fracasado en el mundo, que un país no se construye con políticas improvisadas, con intenciones pérfidas o acciones inspiradas por el odio.
Tráenos excelencia, Niño Jesús. Que las escuelas y liceos se llenen de buenos maestros. Que los hospitales no se caigan a pedazos. Que todos los pacientes reciban atención de calidad y a tiempo. Que las instituciones públicas se llenen de tecnócratas, de profesionales, de expertos. Que los cuerpos de seguridad velen por la seguridad de todos. Y que esos maestros, médicos y policías tengan sueldos que les permitan llevar una vida cómoda, holgada y no que tengan que buscar rebusques por otras partes... o por otros medios.
Tráenos paciencia, Niño Jesús. Paciencia para no rendirnos, para no desesperanzarnos, para resistir.
Tráenos fuerza para hacer de esta pésima experiencia un aprendizaje.
Y con carácter de urgencia, tráenos corazón para reencontrarnos.
lunes, 20 de diciembre de 2010
lunes, 13 de diciembre de 2010
El vestido de novia
Hace poco llegó a mi correo una historia maravillosa. Una historia de cómo un joven judío enamorado, Ludwig Friedman, se las arregló para que Lilly Lax, su novia, tuviera su vestido de novia para casarse... en un campo de concentración.
La historia en cuestión, escrita por Helen Zegerman Schwimmer y publicada en cientos de páginas web, narra cómo Friedman, quien trabajaba en un centro de distribución de alimentos en el campo de Bergen Belsen, situado en Celle, territorio de la Baja Sajonia en Alemania, le cambió a un piloto alemán su paracaídas inusable por dos libras de café, dos cajetillas de cigarrillos y un paquete de granos (un tesoro para cualquiera durante aquellos años) para que una costurera del campo cosiera durante noches para transformar el paracaídas en un vestido de novia.
Schwimmer discurre sobre lo frívolo que podía parecer que alguien, en medio de la penuria, pudiera desear un vestido de novia... Pero ella misma se responde que el vestido de novia era el símbolo de la vida normal e inocente que Lilly había llevado con sus padres y hermanos -antes de que los nazis los llevaran a los campos de concentración y de exterminio- y la que deseaba volver a vivir.
Y es natural que en las peores circunstancias los seres humanos recurran a cualquier medio que tengan a mano para sobrevivir. El siquiatra Viktor Frankl, sobreviviente de Auschwitz, lo describió muy bien en su libro "El hombre en busca de sentido", donde expone que "aun en las condiciones más extremas de deshumanización y sufrimiento, el hombre es capaz de encontrar una razón para vivir". Los recuerdos, las vivencias, los proyectos... En el caso de Lilly Lax, Ludwig Friedman y quienes supieron de su historia de amor, la dimensión espiritual que necesitaban para seguir adelante se materializó en un vestido de novia hecho amorosamente con la tela de un paracaídas.
Los venezolanos vivimos a diario situaciones de tristeza, terror, zozobra, incertidumbre, abusos, atropellos... Supuestamente tenemos democracia, somos gente libre y no estamos en guerra.
¿De qué "traje de novia", aunque sea hecho con la tela de un paracaídas que no sirve ya, echaremos mano para levantar el vuelo sobre esta enojosa situación que vivimos todos los días en nuestra adolorida Venezuela?
La historia en cuestión, escrita por Helen Zegerman Schwimmer y publicada en cientos de páginas web, narra cómo Friedman, quien trabajaba en un centro de distribución de alimentos en el campo de Bergen Belsen, situado en Celle, territorio de la Baja Sajonia en Alemania, le cambió a un piloto alemán su paracaídas inusable por dos libras de café, dos cajetillas de cigarrillos y un paquete de granos (un tesoro para cualquiera durante aquellos años) para que una costurera del campo cosiera durante noches para transformar el paracaídas en un vestido de novia.
Schwimmer discurre sobre lo frívolo que podía parecer que alguien, en medio de la penuria, pudiera desear un vestido de novia... Pero ella misma se responde que el vestido de novia era el símbolo de la vida normal e inocente que Lilly había llevado con sus padres y hermanos -antes de que los nazis los llevaran a los campos de concentración y de exterminio- y la que deseaba volver a vivir.
Y es natural que en las peores circunstancias los seres humanos recurran a cualquier medio que tengan a mano para sobrevivir. El siquiatra Viktor Frankl, sobreviviente de Auschwitz, lo describió muy bien en su libro "El hombre en busca de sentido", donde expone que "aun en las condiciones más extremas de deshumanización y sufrimiento, el hombre es capaz de encontrar una razón para vivir". Los recuerdos, las vivencias, los proyectos... En el caso de Lilly Lax, Ludwig Friedman y quienes supieron de su historia de amor, la dimensión espiritual que necesitaban para seguir adelante se materializó en un vestido de novia hecho amorosamente con la tela de un paracaídas.
Los venezolanos vivimos a diario situaciones de tristeza, terror, zozobra, incertidumbre, abusos, atropellos... Supuestamente tenemos democracia, somos gente libre y no estamos en guerra.
¿De qué "traje de novia", aunque sea hecho con la tela de un paracaídas que no sirve ya, echaremos mano para levantar el vuelo sobre esta enojosa situación que vivimos todos los días en nuestra adolorida Venezuela?
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Prepotencia
Una de las actitudes más perniciosas en los mandatarios es la prepotencia. El creerse más poderoso que otros y alardear y abusar del poder, ha producido un efecto devastador en la gran mayoría de los casos. Alguien que se cree infalible yerra más que el común de sus congéneres, sencillamente porque nadie es infalible.
Hablo de la prepotencia porque esta semana empezó a rodar nuevamente un video YouTube de un "Aló, Presidente" de hace tres años. Un joven de nombre Nelson Moreno del sector Federico Quiroz de Catia, uno de los más afectados por las lluvias que nos azotan hoy, se quejaba ante el presidente Chávez:
"De verdad que usted no sabe que le están engañadamente mintiendo (sic) sobre el sector de Federico Quiroz", le dijo.
"Tú estás diciendo ya que a mí me están engañando. ¿De dónde sacas tú eso?... Ya vienes envenenado, claro... Cuidado si eres tú quien viene engañado", le respondió un airado Chávez.
Fue hace tres años, pero ha podido ser ayer. La misma historia cada vez que alguien se queja o contradice al Presidente. Chávez no soporta ni la menor crítica. Si tuviera amigos de verdad, lo dije en un artículo hace un tiempo, deberían hacerle ver cuando se equivoca. No aplaudirle las torpezas, las ridiculeces y peor aún, los errores.
Hay un chiste sobre un avión que lleva al Dalai Lama, a Michael Jordan, a un hippie y a un prepotente. El piloto se asoma en la cabina, y anuncia:
"Se apagaron los dos motores y nos vamos a estrellar. Desgraciadamente sólo hay cuatro paracaídas y somos cinco. Uno me toca a mí porque soy el piloto". Toma uno de los paracaídas y salta. Michael Jordan toma otro y dice: "soy el mejor deportista del mundo, me tengo que salvar", y también salta. A continuación, el prepotente toma otro paracaídas y dice: "soy el hombre más inteligente del mundo, la humanidad no puede prescindir de mí", y salta. Entonces el Dalai Lama le dice al hippie: "sálvate tú hijo. Yo gustoso doy mi vida por ti". Y el hippie le responde sonriendo: "no se preocupe, amigo. Aquí tenemos dos paracaídas, uno para cada uno". El Dalai Lama se asombra y el hippie le explica: "es que el hombre más inteligente del mundo saltó con mi morral".
No hay nada más serio que el humor: esas cosas le pasan a la gente prepotente... incluyendo a los que han sido paracaidistas.
Hablo de la prepotencia porque esta semana empezó a rodar nuevamente un video YouTube de un "Aló, Presidente" de hace tres años. Un joven de nombre Nelson Moreno del sector Federico Quiroz de Catia, uno de los más afectados por las lluvias que nos azotan hoy, se quejaba ante el presidente Chávez:
"De verdad que usted no sabe que le están engañadamente mintiendo (sic) sobre el sector de Federico Quiroz", le dijo.
"Tú estás diciendo ya que a mí me están engañando. ¿De dónde sacas tú eso?... Ya vienes envenenado, claro... Cuidado si eres tú quien viene engañado", le respondió un airado Chávez.
Fue hace tres años, pero ha podido ser ayer. La misma historia cada vez que alguien se queja o contradice al Presidente. Chávez no soporta ni la menor crítica. Si tuviera amigos de verdad, lo dije en un artículo hace un tiempo, deberían hacerle ver cuando se equivoca. No aplaudirle las torpezas, las ridiculeces y peor aún, los errores.
Hay un chiste sobre un avión que lleva al Dalai Lama, a Michael Jordan, a un hippie y a un prepotente. El piloto se asoma en la cabina, y anuncia:
"Se apagaron los dos motores y nos vamos a estrellar. Desgraciadamente sólo hay cuatro paracaídas y somos cinco. Uno me toca a mí porque soy el piloto". Toma uno de los paracaídas y salta. Michael Jordan toma otro y dice: "soy el mejor deportista del mundo, me tengo que salvar", y también salta. A continuación, el prepotente toma otro paracaídas y dice: "soy el hombre más inteligente del mundo, la humanidad no puede prescindir de mí", y salta. Entonces el Dalai Lama le dice al hippie: "sálvate tú hijo. Yo gustoso doy mi vida por ti". Y el hippie le responde sonriendo: "no se preocupe, amigo. Aquí tenemos dos paracaídas, uno para cada uno". El Dalai Lama se asombra y el hippie le explica: "es que el hombre más inteligente del mundo saltó con mi morral".
No hay nada más serio que el humor: esas cosas le pasan a la gente prepotente... incluyendo a los que han sido paracaidistas.
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Las vacas podridas
Un amigo mío escribió en el estado de su chat de Gmail "no estamos en la época de las vacas flacas, sino de las vacas podridas". Un ingenioso juego de palabras que refleja una de nuestras más crueles realidades.
Lo más podrido es que ya ni siquiera nos hiede la podredumbre. Las cosas que suceden en Venezuela en cualquier otro país del mundo hubieran causado severas protestas, levantado airadas quejas y hasta hubieran causado una profunda crisis de gobierno. Pero aquí, la abismal y preocupante mayoría de la población sigue como si nada.
Los asesinatos a cualquier hora y en cualquier parte, la corrupción rampante y a cielo abierto, los actos abyectos asumidos como actos de heroísmo y premiados con ascensos y prebendas, las solidaridades automáticas, los abusos de todo tipo, los presos políticos, las expropiaciones, las descalificaciones, las mentiras y las ilegalidades son parte de nuestra podrida cotidianidad.
Que la muerte de un compatriota a manos del hampa desatada e impune no mueva a quienes tienen el deber de garantizar la seguridad de la población, pero que tampoco conmueva a quienes conocen la noticia, sino que la asumen con la misma indiferencia que asumirían el resultado de un partido de cricket en la India, es síntoma de una profunda putrefacción. Y más putrefacto es que los funcionarios del más alto nivel de Gobierno descalifiquen, pretendan ignorar y hasta se rían en pantalla de televisión de las tragedias que aquí ocurren.
El que hayan dejado podrir -y peor aún, que hayan traído comida podrida o a punto de podrirse- en cientos de miles de containers, con tantos niños y ancianos comiendo por debajo de la ingesta diaria de calorías, y que no haya pasado nada, grita a los cuatro vientos que la pudrición del Gobierno no es superficial.
Y para la jaladera de mecate no encuentro otro calificativo que purulenta.
PS: Siempre en esta época del año escribo un artículo para mi querido amigo Ramón J. Velásquez, quien cumple años el 28 de noviembre. Sé que este año el doctor Velásquez me perdonará no haberlo hecho, pero él entiende que estas cosas hay que decirlas y volverlas a decir. No se puede vivir aceptando como normales las cosas que no son normales, porque ese es precisamente el principio de la descomposición.
Lo más podrido es que ya ni siquiera nos hiede la podredumbre. Las cosas que suceden en Venezuela en cualquier otro país del mundo hubieran causado severas protestas, levantado airadas quejas y hasta hubieran causado una profunda crisis de gobierno. Pero aquí, la abismal y preocupante mayoría de la población sigue como si nada.
Los asesinatos a cualquier hora y en cualquier parte, la corrupción rampante y a cielo abierto, los actos abyectos asumidos como actos de heroísmo y premiados con ascensos y prebendas, las solidaridades automáticas, los abusos de todo tipo, los presos políticos, las expropiaciones, las descalificaciones, las mentiras y las ilegalidades son parte de nuestra podrida cotidianidad.
Que la muerte de un compatriota a manos del hampa desatada e impune no mueva a quienes tienen el deber de garantizar la seguridad de la población, pero que tampoco conmueva a quienes conocen la noticia, sino que la asumen con la misma indiferencia que asumirían el resultado de un partido de cricket en la India, es síntoma de una profunda putrefacción. Y más putrefacto es que los funcionarios del más alto nivel de Gobierno descalifiquen, pretendan ignorar y hasta se rían en pantalla de televisión de las tragedias que aquí ocurren.
El que hayan dejado podrir -y peor aún, que hayan traído comida podrida o a punto de podrirse- en cientos de miles de containers, con tantos niños y ancianos comiendo por debajo de la ingesta diaria de calorías, y que no haya pasado nada, grita a los cuatro vientos que la pudrición del Gobierno no es superficial.
Y para la jaladera de mecate no encuentro otro calificativo que purulenta.
PS: Siempre en esta época del año escribo un artículo para mi querido amigo Ramón J. Velásquez, quien cumple años el 28 de noviembre. Sé que este año el doctor Velásquez me perdonará no haberlo hecho, pero él entiende que estas cosas hay que decirlas y volverlas a decir. No se puede vivir aceptando como normales las cosas que no son normales, porque ese es precisamente el principio de la descomposición.
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La "mesma" del "imperio"
Si usted es de los que creen que las cosas que nos pasan suceden sólo en Venezuela, bájese de la mata. Pueden pasar hasta en el "imperio mesmo". Escribo desde EEUU, con la enorme preocupación de que la sucesora de Obama pudiera ser Sarah Palin.
Desde las revistas más serias hasta los magazines de farándula, hablan de Palin. Lo mismo sucede en los programas de TV. Y aunque en muchos artículos y programas se burlan de ella, el hecho es que le están haciendo propaganda. "Que hablen de mí, aunque sea bien", decía Oscar Wilde.
Hay un libro del filósofo español José Antonio Marina que debería ser de obligada lectura y discusión para todos los alumnos de bachillerato del mundo. Se llama"La Inteligencia Fracasada: Teoría y Práctica de la Estupidez". Yo lo leí hace años, cuando Alberto Soria lo citó en uno de sus lúcidos artículos de opinión.
Sostiene Marina que las causas de la estupidez son el prejuicio, el fanatismo, el dogmatismo y la superstición. Yo no sé si la señora Palin es supersticiosa, pero los otros tres ingredientes sí los tiene. Cuando comento con mis amigos americanos mi preocupación de que ella pueda alzarse con la primera magistratura, todos se ríen: "¡Eso jamás va a pasar aquí!"...
¿Se acuerdan cuando pensábamos que había cosas que "jamás pasarían" aquí?... Cosas como que un militar de izquierda ganara las elecciones (todavía recuerdo cuando Chávez andaba de liquiliqui morado visitando pueblos en el interior y no llegaba a 2% de popularidad; también recuerdo al "gurú-gana-elecciones" español que en diciembre de 1997 dijo que Irene Sáez podía "acostarse a dormir y levantarse en un año, convertida en presidente de la República, pues era imposible que perdiera con los números que tenía en las encuestas". También pienso en lo enfático que parecíamos al rechazar el comunismo...
Palin no es comunista, pero es fanática y dogmática. Y eso la hace tan peligrosa como cualquier dictador comunista. Los extremos se tocan.
Los americanos escogieron a Obama por el descontento que sentían por el desastroso gobierno de Bush. La ciclópea dimensión de la crisis y la falta de decisión de Obama traerán nuevamente a un gobierno republicano, el causante de la crisis. Los venezolanos sabemos mejor que nadie que la Ley de Murphy se cumple. Y que siempre se puede estar peor.
Desde las revistas más serias hasta los magazines de farándula, hablan de Palin. Lo mismo sucede en los programas de TV. Y aunque en muchos artículos y programas se burlan de ella, el hecho es que le están haciendo propaganda. "Que hablen de mí, aunque sea bien", decía Oscar Wilde.
Hay un libro del filósofo español José Antonio Marina que debería ser de obligada lectura y discusión para todos los alumnos de bachillerato del mundo. Se llama"La Inteligencia Fracasada: Teoría y Práctica de la Estupidez". Yo lo leí hace años, cuando Alberto Soria lo citó en uno de sus lúcidos artículos de opinión.
Sostiene Marina que las causas de la estupidez son el prejuicio, el fanatismo, el dogmatismo y la superstición. Yo no sé si la señora Palin es supersticiosa, pero los otros tres ingredientes sí los tiene. Cuando comento con mis amigos americanos mi preocupación de que ella pueda alzarse con la primera magistratura, todos se ríen: "¡Eso jamás va a pasar aquí!"...
¿Se acuerdan cuando pensábamos que había cosas que "jamás pasarían" aquí?... Cosas como que un militar de izquierda ganara las elecciones (todavía recuerdo cuando Chávez andaba de liquiliqui morado visitando pueblos en el interior y no llegaba a 2% de popularidad; también recuerdo al "gurú-gana-elecciones" español que en diciembre de 1997 dijo que Irene Sáez podía "acostarse a dormir y levantarse en un año, convertida en presidente de la República, pues era imposible que perdiera con los números que tenía en las encuestas". También pienso en lo enfático que parecíamos al rechazar el comunismo...
Palin no es comunista, pero es fanática y dogmática. Y eso la hace tan peligrosa como cualquier dictador comunista. Los extremos se tocan.
Los americanos escogieron a Obama por el descontento que sentían por el desastroso gobierno de Bush. La ciclópea dimensión de la crisis y la falta de decisión de Obama traerán nuevamente a un gobierno republicano, el causante de la crisis. Los venezolanos sabemos mejor que nadie que la Ley de Murphy se cumple. Y que siempre se puede estar peor.
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domingo, 14 de noviembre de 2010
¡Para que no se repita!
China, Tibet, Cambodia, Corea del Norte, Etiopía, Biafra, Afganistán, Ruanda, Timor Oriental, Kurdistán, Yugoslavia, Angola, Uganda, Pakistán, Liberia, Sierra Leona, Burundi, Sudán, República Centroafricana.
El denominador común de todos estos países es el genocidio que en ellos ocurrió… después del genocidio del pueblo judío durante Segunda Guerra Mundial. ¿Será que los seres humanos nunca aprenderemos?
Recientemente vino a Venezuela un ilustre visitante: Daniel Rafecas, Juez Federal de la provincia de Buenos Aires, experto en derechos humanos. Fue orador de orden en la conmemoración de “la noche de los cristales rotos”, pogromo que inició el exterminio sistemático del pueblo judío por parte del régimen nazi.
El juez Rafecas, claro, directo, inteligente, comenzó hablando del propósito de los negacionistas. Un suceso tan documentado como el Holocausto es un obstáculo moral insalvable… ¿cómo negarlo? No es sino una estrategia para instaurar ideologías neonazis.
Luego disertó sobre Auschwitz como un producto de la modernidad, el hijo legítimo de las luces, la perfecta conjugación de artefactos que no existían 150 años antes.
El campo de exterminio, dijo, es el derivado perverso de las cárceles. Es la concepción “fordista” de la producción en cadena para asesinar en masa: trenes cargados de seres humanos, que en dos horas y media quedaban reducidos a una columna de ceniza saliendo por una enorme chimenea.
Auschwitz tampoco hubiera sido posible sin la burocracia. Sin esa larga cadena de funcionarios que procesaron las órdenes de la oficina 4B4 de Berlín, a sabiendas de que cada expediente era una vida que segaban, pero con sus conciencias en paz porque las doctrinas “científicas” que consagraban la superioridad de la raza aria los eximían de culpa. Auschwitz no hubiera sido posible en su grado de perversidad en otro tiempo. Hay que recordar para que no se repita en estos y en los por venir.
El juez Rafecas terminó su discurso aludiendo a Venezuela. Un escalofrío recorrió mi espalda:
“Solicito permiso de los no creyentes para pedirle a Dios, a ese Dios severo y misericordioso que compartimos judíos y católicos, que ilumine al pueblo venezolano –y a sus dirigentes- para que nunca se repita la historia que esta noche conmemoramos”.
El denominador común de todos estos países es el genocidio que en ellos ocurrió… después del genocidio del pueblo judío durante Segunda Guerra Mundial. ¿Será que los seres humanos nunca aprenderemos?
Recientemente vino a Venezuela un ilustre visitante: Daniel Rafecas, Juez Federal de la provincia de Buenos Aires, experto en derechos humanos. Fue orador de orden en la conmemoración de “la noche de los cristales rotos”, pogromo que inició el exterminio sistemático del pueblo judío por parte del régimen nazi.
El juez Rafecas, claro, directo, inteligente, comenzó hablando del propósito de los negacionistas. Un suceso tan documentado como el Holocausto es un obstáculo moral insalvable… ¿cómo negarlo? No es sino una estrategia para instaurar ideologías neonazis.
Luego disertó sobre Auschwitz como un producto de la modernidad, el hijo legítimo de las luces, la perfecta conjugación de artefactos que no existían 150 años antes.
El campo de exterminio, dijo, es el derivado perverso de las cárceles. Es la concepción “fordista” de la producción en cadena para asesinar en masa: trenes cargados de seres humanos, que en dos horas y media quedaban reducidos a una columna de ceniza saliendo por una enorme chimenea.
Auschwitz tampoco hubiera sido posible sin la burocracia. Sin esa larga cadena de funcionarios que procesaron las órdenes de la oficina 4B4 de Berlín, a sabiendas de que cada expediente era una vida que segaban, pero con sus conciencias en paz porque las doctrinas “científicas” que consagraban la superioridad de la raza aria los eximían de culpa. Auschwitz no hubiera sido posible en su grado de perversidad en otro tiempo. Hay que recordar para que no se repita en estos y en los por venir.
El juez Rafecas terminó su discurso aludiendo a Venezuela. Un escalofrío recorrió mi espalda:
“Solicito permiso de los no creyentes para pedirle a Dios, a ese Dios severo y misericordioso que compartimos judíos y católicos, que ilumine al pueblo venezolano –y a sus dirigentes- para que nunca se repita la historia que esta noche conmemoramos”.
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lunes, 8 de noviembre de 2010
Comiendo "de aquello"
El General Gómez decía que “loco” era el que comía “de aquello”. Me he estado preguntando si el número de locos en Venezuela ha aumentado de tal manera, que ahora nos contamos por millones… al menos a la vista del gobierno. Porque ya es imposible que nos sigan metiendo cuentos como si viviéramos en Plutón.
Por ejemplo, cuando oímos al Presidente decir (repetido ad infinitum por todos sus seguidores y todos los medios de comunicación de los que disponen) que las expropiaciones son para “mejorar”, nos preguntamos: ¿estaremos locos? ¡Si prácticamente todo lo que han expropiado está en el suelo! Para muestra, ahí está el Hato Piñero vuelto leña. Y ni hablar del Hato El Frío.
Cuando vemos los cursísimos corazoncitos que dicen “hecho en socialismo”, uno se pregunta ¿estaremos locos?... “¿será que la palabra “hacer” ahora significa otra cosa? Hacer, al menos en la Venezuela de antes, significaba producir, fabricar, realizar, ejecutar, poner en acción un trabajo. ¿Y qué ha hecho esta gente? Aparte de destruir lo que toman, se han solazado en quitarle las propiedades a quienes las han trabajado.
Cuando escuchamos hablar de “propiedad social” a quienes alardean sin pudor de las riquezas súbitas y mal habidas. Cuando acusan de “manipulados” y hasta de “oligarcas” a los obreros que con toda razón defienden sus puestos de trabajo en empresas privadas (vista la experiencia de los que han pasado a ser obreros del Estado), uno termina preguntándose si será locura vivir en este mundo de Gatos de Cheshire y desconcertadas Alicias… en el país de las pesadillas. ¿Cómo no volverse locos si aquí “lo que es, es lo que no es, porque lo que no es, es lo que es”?
Cuando nos dicen que la actual Asamblea Nacional escogerá a los nuevos magistrados del Tribunal Supremo, y alegan las excusas más peregrinas que se pueden alegar… Cuando en vez de investigar una acusación tan seria como la que ha hecho gobierno español y dar una respuesta que satisfaga no sólo a los españoles, sino a los venezolanos, y en su lugar –sin evacuar pruebas-se acusa al gobierno español de endosarle al gobierno de Chávez su fracaso con los etarras, uno se siente como el propio loco.
Y si no lo somos, lo parecemos: millones de locos comiendo “de aquello”.
Por ejemplo, cuando oímos al Presidente decir (repetido ad infinitum por todos sus seguidores y todos los medios de comunicación de los que disponen) que las expropiaciones son para “mejorar”, nos preguntamos: ¿estaremos locos? ¡Si prácticamente todo lo que han expropiado está en el suelo! Para muestra, ahí está el Hato Piñero vuelto leña. Y ni hablar del Hato El Frío.
Cuando vemos los cursísimos corazoncitos que dicen “hecho en socialismo”, uno se pregunta ¿estaremos locos?... “¿será que la palabra “hacer” ahora significa otra cosa? Hacer, al menos en la Venezuela de antes, significaba producir, fabricar, realizar, ejecutar, poner en acción un trabajo. ¿Y qué ha hecho esta gente? Aparte de destruir lo que toman, se han solazado en quitarle las propiedades a quienes las han trabajado.
Cuando escuchamos hablar de “propiedad social” a quienes alardean sin pudor de las riquezas súbitas y mal habidas. Cuando acusan de “manipulados” y hasta de “oligarcas” a los obreros que con toda razón defienden sus puestos de trabajo en empresas privadas (vista la experiencia de los que han pasado a ser obreros del Estado), uno termina preguntándose si será locura vivir en este mundo de Gatos de Cheshire y desconcertadas Alicias… en el país de las pesadillas. ¿Cómo no volverse locos si aquí “lo que es, es lo que no es, porque lo que no es, es lo que es”?
Cuando nos dicen que la actual Asamblea Nacional escogerá a los nuevos magistrados del Tribunal Supremo, y alegan las excusas más peregrinas que se pueden alegar… Cuando en vez de investigar una acusación tan seria como la que ha hecho gobierno español y dar una respuesta que satisfaga no sólo a los españoles, sino a los venezolanos, y en su lugar –sin evacuar pruebas-se acusa al gobierno español de endosarle al gobierno de Chávez su fracaso con los etarras, uno se siente como el propio loco.
Y si no lo somos, lo parecemos: millones de locos comiendo “de aquello”.
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