domingo, 4 de julio de 2010

Friends forever

A pesar de la abierta, manifiesta y pugnaz antipatía del Presidente Chávez por los Estados Unidos, a pesar de sus insultos al Presidente Bush, a Condoleeza Rice y más recientemente al Presidente Obama, a pesar de haber culpado a los Estados Unidos de haber causado el terremoto en Haití, la mayoría de los venezolanos siente una enorme afinidad y simpatía por los Estados Unidos. 


No es poca cosa llamar “pendejo” en cadena nacional al presidente de otra nación. Ni siquiera monstruos como Hitler o Stalin llegaron a referirse así a sus más acérrimos enemigos políticos. “Cobarde”… “asesino”… “genocida”… “borracho”, han sido algunos de los epítetos usados por Chávez para descalificar a Bush. “Diablo”, lo llamó en la ONU. Y no es que a mí me guste Bush –la realidad, a mi modo de ver, es que fue un pésimo presidente- pero definitivamente no es un lenguaje de altura presidencial el que usa Chávez. 


Quizá lo que más enardezca al presidente Chávez es que por más que ha tratado de sembrar en el alma de los venezolanos los peores sentimientos en contra de los Estados Unidos, la inmensa mayoría de los venezolanos admira al coloso del norte y se identifica con su cultura. Las tendencias, forma de ser y moda de los americanos es seguida con fervor por los venezolanos de todos los estratos sociales. Nuestra sociedad se parece más a la sociedad norteamericana que a la de cualquier otro país fuera de Iberoamérica (y cuidado si más que a la de algunos países latinoamericanos). Y cuando a nuestro pueblo se le pone a escoger el modelo que desea para Venezuela, no es Cuba precisamente la victoriosa. Todos los niños venezolanos saben quién es -y quieren- a Mickey Mouse. 


En un par de semanas se marcha del país el Embajador Patrick Duddy. La misión de Duddy ha sido una de las más delicadas y conflictivas que embajador alguno haya tenido en nuestro país. La manejó con inteligencia, tino y muchísima paciencia. Cabe recordar que Chávez expulsó a Duddy del país en 2008, en solidaridad con Bolivia. Duddy regresó en junio de 2009 cuando Obama ganó la presidencia. La esposa del embajador, Mary Duddy, deja huella de una estupenda labor a favor de los más necesitados. Los Duddy sembraron amistades para siempre, como la de larga data entre Venezuela y los Estados Unidos. Friends forever.

6 comentarios:

  1. Usted manifiesta en este articulo ser completamente ignorante de la identidad nacional.

    Imaginese a un columnista estadounidense escribiendo:

    "Nuestra sociedad se parece más a la sociedad venezolana que a la de cualquier otro país
    fuera de Iberoamérica..."

    Lastima que usted se haga llamar venezolana.
    Con su posiciion de verdad si estamos predestinados al fracaso forever.

    Saludos desde Toronto, Canada.
    juanbimba565@hotmail.com

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  2. Carolina Jaimes Branger5 de julio de 2010, 9:04 a. m.

    Pues fíjese que sí me lo imagino: ellos votaron por Bush, aquí votaron por Chávez... igualitos los dos, Chávez y Bush, sólo que uno del lado derecho y otro del lado izquierdo. Nos parecemos más de lo que a simple vista parece. Lástima que no imitemos los valores de trabajo y educación cívica que tienen los americanos.
    Gracias por escribir en mi blog.

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  3. Carolina, el amigo de Toronto debe ser que piensa que nos gusta seguir mas a los japoneses o a los finlandeses u alguna otra sociedad.

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  4. Cuan lamentable es ver como al través del tiempo se ha venido formando en muchos venezolanos esa matriz de pensamiento bordado con insultos
    y agravios, cuya fuente es el famoso “héroe del museo militar”
    Esos mismos “insultadores de turno”, son tan débiles de espíritu que al cambiarles el disco, van a repetir lo que se les diga.
    El ilustre de Toronto, parece ser uno más de ese grupúsculo, a sabiendas de estar lejitos del país no percibe en carne propia la lamentable situación que se vive en el país, seguro estoy que no querrá regresar a Venezuela ni amarrado que lo lleven. Será!
    Carolina, estas cosas que escribes hacen escuela, la nobleza de tu pluma trasciende fronteras, en Venezuela necesitamos de gente como tú.
    R.Ch

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  5. Un saludo muy cordial a doña Carolina, quien nos tiene acostumbrados a estos artículos que despiertan y avivan inquietudes. ¡Caramba! Me causa una grandísima y desagradable sorpresa que a alguien desde el exterior se le ocurra escribir tales frases. Realmente la capacidad de asombro no puede perderse en esta Tierra de Gracia. Es fácil opinar cuando se está bastante lejos y bien protegido del desastre reinante en Venezuela. Y si lo hiciese viviendo aquí, invariablemente nos preguntaríamos en cual país está viviendo: “La Isla de la Fantasía” que nos quiere imponer VTV o la Isla de “Lost” que nos quiere imponer Globovisión. Exactamente en el medio de ambas visiones contrapuestas está la Venezuela “real”, la que vivimos (o sufrimos) en nuestro diario devenir y que está sujeta a las veleidades de un sujeto bipolar que parece disfrutar en torturarnos con su eterno conflicto. Se puede admirar a los Estados Unidos sin dejar de ser venezolano. Muchos de los que nacimos aquí desearíamos tener una educación cívica como la de dicho país. En cuanto a los valores de trabajo, no nos quedamos tan atrás. Para darnos cuenta de ello sólo basta con asomarnos a la vera de cualquier autopista al rayar las cinco de la mañana. Muchos de los que nacimos aquí desearíamos tener una Democracia como la de dicho país que, pese a sus muchos defectos, le permite funcionar como sociedad moderna. De hecho, la Democracia no es perfecta; pero es el mejor sistema que conocemos. Peor es aquí, que por no agradarnos lo que había antes entonces lo destruimos y “comenzamos desde cero” sin importarnos los esfuerzos requeridos para obtener ni las bondades de lo que tanto costó construir. Personalmente pongo a los Estados Unidos como ejemplo: si ellos llegaron a ser una potencia, nosotros también podemos hacerlo. Sólo hace falta querer... porque si no se quiere... imposible... No va a bajar Dios del Cielo con su voz como el estruendo de muchas aguas a “empujarnos” hacia donde querríamos ir... Pongo a los Estados Unidos como ejemplo porque es un ejemplo que vale la pena seguir y trabajar para adaptar en lo posible a nuestra idiosincrasia. Nunca seremos iguales, pero hay cosas que pueden aplicarse. Tan es así que unos cuarenta millones de norteamericanos son de sangre latina. Ergo, tan diferentes no somos... Además, eso de despotricar contra un vecino que, mal que bien, ha tenido éxito me parece cosa de envidia. Como no podemos (o no queremos) hacer lo que él entonces lo despreciamos y todo lo suyo nos parece atroz. Y, peor aún, caemos en el insulto y en la descalificación; actitudes propias de aquellos que no tienen argumentos que contraponer a lo que se les afirma. Y citando a mi finada abuela, más venezolana que la arepa, “no le hagamos caso a público de galería”. Usaba esta frase cuando escuchaba opinar cualquier barbaridad ante algún hecho o comentario. En cuanto a la diplomacia, creo que los norteamericanos “nos llevan una morena”, en especial con la diplomacia de “toro en cristalería” de la que hacemos gala en el país... Muchos saludos a usted, doña Carolina, y a todas las distinguidas personas que siguen su e-mail.

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  6. Quisiera pedir disculpas por un gazapo que se me escapó al escribir el comentario anterior: donde dice << Muchos saludos a usted, doña Carolina, y a todas las distinguidas personas que siguen su e-mail >> debería decir << Muchos saludos a usted, doña Carolina, y a todas las distinguidas personas que siguen su Blog >>. Bueno, como se dice, “esto sucede hasta en la mejores familias”; aunque no sirva esta frase para negar mi responsabilidad en el asunto... También quisiera añadir las correcciones a un par de frases, de índole aclaratoria, que surgieron después del influjo beneficioso de la almohada: << Para darnos cuenta de ello sólo basta con asomarnos a la vera de cualquier autopista [un día hábil] al rayar las cinco de la mañana. >> << Y, peor aún, caemos en el insulto y en la descalificación; actitudes propias de aquellos que no tienen argumentos [válidos o simplemente no tienen ninguno] que contraponer a lo que se les afirma. >> Las correcciones (o añadidos) están entre corchetes. Reiterando mis disculpas, un cordial saludo a doña Carolina y a sus seguidores, entre los cuales tengo el inmenso honor de contarme.

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